Valeria vs Vida perfecta

¿Qué tienen en común Valeria y Vida perfecta? En un primer momento podríamos pensar que nada, pero eso también nos pasaría con Alfonso Merlos y Woopie Goldberg y fijaos la vida por qué derroteros nos lleva.

Bien, os comento: el mes pasado empecé a ver ambas series (gracias confinamiento por el tiempo libre casi ilimitado) y me llamó la atención que, en realidad, las dos pretenden reflejar la vida real, la cotidianidad, de personas “normales”, es decir, de gente sencilla con su trabajo o falta de él, sus problemas y alegrías, familia, amigos, etc., vamos, personas con sus cotidianidades y peculiaridades, como tú y como yo.

La pregunta es: ¿Lo consigue alguna de las dos?

En un principio podría parecer que Valeria, que al final lo que nos cuenta son las historias de 4 amigas que viven en Madrid, cada una con sus cositas, sería bastante más realista que Vida perfecta, en la que la prota se queda embarazada de un hombre con una discapacidad del 48 %, como bien dice él. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Sinceramente, me cuesta mucho menos trabajo creerme la historia que nos cuenta Dolera que las vidas forzadas y cargadas de clichés de Valeria y sus amigas. Y no es que una serie tenga que ser realista, pero al menos sí creíble. Especialmente si lo que pretendes es contarnos de manera fresca y sencilla las vivencias de 4 mujeres que viven en una gran ciudad (es que hasta me da vergüenza compararla con Sexo en Nueva York, con la que comparte sospechosamente más de una y de dos cosas, salvando las distancias).

Si os soy sincera, había escrito una crítica bastante más mordaz sobre Valeria, pero he preferido guardarme la parte más chunga de lo que pienso para simplemente decir que, aunque la serie es entretenida, lo cierto es que los guiones son simplones y los personajes son sosos y planos. Casi me da un esguince de ojos de tanto eye roll con las frasecitas tipo “Las mujeres pueden hacer lo que quieran” (solo faltaría) para que luego las mujeres de la serie bailen al son de los hombres, como una de las protagonistas, (SPOILER) que rechaza un trabajazo por su novio (con el que lleva un mes) o que está dispuesta a pagar 800 euros por un piso de mierda por acostarse con un tío.

Lo siento, Netflix, te quiero mucho, pero en esta ocasión me cuesta defenderte.

En el lado opuesto, y a pesar de la polémica que rodeó la grabación de la serie por el despido de una actriz que estaba embarazada, la serie de Dolera es tierna, bonita, sencilla, sin pretensiones. Sin ser especialmente realista ni de una gran calidad, te metes en la historia, le coges cariño a los personajes, los comprendes porque llegas a conocerlos y a empatizar, e incluso los echas de menos.

Con Valeria con cada capítulo que pasaba más me aburría y casi me enfadaba, ningún personaje me caía bien, con Vida perfecta he reído, se me han saltado las lágrimas, me he enternecido, me he indignado, he pensado “qué gilipollas” y he comprendido cada uno de los comportamientos de los personajes porque tenían una razón de ser, no estaban actuando de una manera porque así lo requería en ese momento el guion, actuaban así porque si fueran personas reales, con su contexto y su bagaje, sería como actuarían.

No necesito que una serie o una película sea una obra de arte, me encanta Bridget Jones, pero sí necesito que me den ganas de saber más, de que me cuenten más no solo de la protagonista, sino de los secundarios. Si echas de menos a los personajes cuando ha acabado la serie, es que la serie era buena, eso es así, es una ley universal.

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