Vida sostenible: Mis cambios

Ciao, care!

El zero waste es un movimiento que pretende fomentar una vida sin plásticos y sin residuos. Algunas personas han conseguido cumplirlo casi al 100 %, pero lo cierto es que hoy en día es prácticamente imposible llevar una vida sin residuos, a no ser que estés totally devoted to it. Sin embargo, se pueden dar pasitos que nos ayuden a generar menos residuos. ¿Con qué objetivo? Básicamente con el de cuidar el medioambiente, que falta hace, pero también con el de aprender a vivir un poco más desprendidos de lo material.

Yo creo que las aportaciones individuales contribuyen a un mundo mejor, por lo que pequeños gestos pueden tener un gran impacto y, además, ayudar a concienciarnos cada vez más. Como dijo Eduardo Galeano (o eso parece):

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo”.


Os comparto las 6 ideas que a mí me ha resultado fácil incorporar a mi vida.

Evitar los productos desechables a toda costa: o al menos siempre que puedo y me acuerdo. Hace años que dejé de pedir pajitas, mi cepillo de dientes es de bambú, procuro utilizar botellas de vidrio en casa y de acero inoxidable en el trabajo o para llevar en el bolso (que encima son térmicas y mantienen el agua fresquita), ya no utilizo toallitas desmaquillantes, etc.

Comprar de temporada y de proximidad: también hace años que me fijo expresamente en la procedencia de los productos que compro y siempre doy prioridad a que sean españoles y, a ser posible, andaluces. ¿Por qué? Por muchos motivos: apoyar la agricultura local, evitar los residuos y las emisiones del transporte de esos productos si vienen del otro lado del mundo, no colaborar a condiciones de trabajo inhumanas (aunque, por desgracia, este año más que nunca hemos sido conscientes de las condiciones de los temporeros españoles) y, además, comer productos de temporada y, por tanto, de mejor calidad.

Reducir el consumo en general: siempre me ha encantado la ropa, ya de pequeña diseñaba modelos para mis barbies y, de adulta, reconozco que he comprado ropa compulsivamente. Consumismo puro y duro. Pero ¿sabías que la industria textil es una de la más contaminantes? Yo me enteré hace relativamente poco y ahora puedo decir con orgullo que he conseguido meditar antes de comprar. Así de sencillo. ¿De verdad lo necesito? ¿Merece la pena? ¿Me lo voy a poner solo una vez o le voy a sacar partido? Preguntas que antes no me hacía y que ahora, después de un gran esfuerzo de meses o incluso años, han conseguido frenar mis impulsos.

Utilizar bolsas de tela o reutilizables para ir a la compra: no solo es que me resulte fácil, es que me encanta tener una pequeña colección de tote bags sin las que ya no podría vivir. Las uso para todo y, aunque reconozco que más de una vez se me olvidan o entro al súper sin tenerlo previsto y acabo usando alguna bolsa de plástico, siempre intento evitarlas o si no queda más remedio al menos no las tiro, si no que intento usarlas todas las veces que pueda.

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Reducir el consumo de carne: he ido por rachas, la verdad. He tenido alguna época de comer muy poca carne/pescado y otras en las que no he estado nada pendiente de esto. No obstante, siempre que me paro a hacer menús semanales y a seguirlos intento dar prioridad a recetas vegetarianas o al menos a opciones que me resulte fácil adaptar sin carne. Sí, el consumo de carne está matando el planeta y no precisamente paulatinamente. Se lo está cargando a machetazos. Si eres de esas personas que no se lo quiere creer, que piensa que sería peor para el planeta que todos consumiéramos solo productos vegetales, que los animales están ahí para que nos los comamos, etc… Enhorabuena, eres un cuñao. No, en serio, infórmate, sin prejuicios y, sobre todo, sin excusas. Acepta que te vas a sentir mal al leer sobre el tema y decide (y que no pasa nada, todos hemos pasado por ello y seguimos pasando, en este y en muchos temas) y actúa en consecuencia.

Informarme: puede parecer la opción más pasiva de todas, pero lo cierto es que es la más revolucionaria. Si algo he aprendido con el paso de los años es que esa frase de “la información es poder” es totalmente cierta. Pero hay que elegir bien de dónde viene esa información, aprender a descartar los bulos, buscar fuentes fiables, etc. para después poder utilizar esa información para tener un impacto positivo. Gracias a leer, a seguir a personas que saben mucho más que yo, a ver documentales o vídeos, he conocido que el tejido del que esté hecha nuestra ropa es de vital importancia para no matar a nuestros océanos, por ejemplo (y mucha otra información relacionada con otros campos). La información me ha hecho mucho más responsable, me ha impulsado a tener más curiosidad, a seguir investigando y, sobre todo, me ha ayudado a ser mucho más consciente de mis decisiones.

Todo es política. Decidir lo es, y no decidir también.


Cuidar de nuestro planeta no debería convertirse en una competición, esto no es una carrera por ver quién lo hace mejor o quien hace más. Recuerda: es mejor que una mayoría dé pequeños pasos, asumiendo la imperfección, a que una minoría lo haga todo perfecto. Nuestro planeta necesita que todos colaboremos. ¿Te has animado ya a cambiar algo en tu día a día? ¿Te animas a añadir alguna rutina nueva en el camino del cuidado del medioambiente?

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