Favoritos de julio

La visita

Parece una película de terror, pero en realidad me refiero a la visita de mis sobrinos. El último día que los vi fue el día de mis cumpleaños, el 3 de enero. Ellos viven en Zaragoza, yo en Córdoba, en un año que no fuera el 2020 nos habríamos visto antes, pero en esta época pandémica han tenido que pasar casi 7 meses para que nos volviéramos a encontrar. Aunque no los veo todo lo que me gustaría, nuestra relación es muy estrecha y tenemos mucha complicidad, nos encanta pasar tiempo juntos y siempre lo aprovechamos al máximo.

El gimnasio

Esto también podría ser una película de terror, pero la verdad es que para mí hacer deporte con cierta constancia es más bien todo lo contrario. Me cuesta muchísimo trabajo conseguir ponerme a ello porque mi animal espiritual es un perezoso, pero la satisfacción que siento al terminar una rutina de ejercicio es tan grande que al final siempre acabo volviendo. Espero poder continuar yendo, aunque empiece a trabajar.

La desconexión

Del 4 al 17 de julio decidí desinstalarme Instagram porque me absorbía demasiado. Me pasaba el rato viendo stories de personas a las que no conozco y cada vez con más frecuencia me sentía mal al ver a todo el mundo en sus supuestas vidas perfectas en la playa, la piscina, en el campo, de viaje, de excursión, etc. Me hacía sentir mal y, oye, si algo te hace daño lo suyo es de hacer ese algo, ¿no? Me vino genial esa desconexión y aunque después de 2 semanas he vuelto al mundo Instagram algo baja de forma ya que me cuesta mucho compartir historias y subir publicaciones, me alegro mucho de haberme tomado ese tiempo lejos de las redes.

La epifanía

Últimamente me pasan dos cosas que debo agradecerle al coronavirus. Una es que casi diariamente me repito “Yo no puedo hacer nada más” cuando me enfrento a algún problema o a alguna dificultad. ¿Qué me vuelven a cambiar el vuelo a Ginebra? “Yo no puedo hacer nada más”. ¿Qué Hacienda sigue sin ingresarme la devolución? “Yo no puedo hacer nada más”. Aceptación lo llamo. Cuando está en mis manos cambiar la situación lo intento, pero si yo no puedo hacer nada, ¿de qué me sirve quejarme? Gracias, pandemia. La otra cosa que me pasa es que yo, que siempre he sido de planearlo todo (aunque luego nada salía como lo planeado) ahora soy incapaz de pensar en el futuro, es como si mi cerebro tuviera bloqueada esa opción. Y, mira, lo agradezco, vivo mucho más tranquila.

Como veis, en esta ocasión no son cosas físicas, sino más bien situaciones o circunstancias que me han aportado sensaciones y emociones positivas, que al final es lo que realmente recarga las pilas y lo que hace que todo merezca la pena, ¿verdad? Espero que os haya gustado y, sobre todo, que aunque sea os haya hecho pensar en algo agradable de vuestro mes, algo a lo que quizás ni le habías dado demasiada importancia, pero que en realidad ha hecho que el día a día se haya hecho más llevadero.

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